El primer movimiento del Concierto para piano número 1 de Rachmaninov: una descripción

El Concierto para piano número 1 de Rachmaninov irrumpe, en su primer movimiento, abruptamente. Tanto la orquesta como el piano se presentan sin transiciones, por separado, en una coreografía en la que se desconoce qué elemento juega el papel protagonista. Al principio, los vientos, en representación de la orquesta, martillean rítmicamente, a escopetazos, independientes del piano, cuyo sonido parece consecuencia de una frenética persecución entre sus teclas.

Inmediatamente después, piano y orquesta se aproximan, debido a la acción del tiempo. Empiezan a rozarse, a golpearse, a interrumpirse descortésmente.

Pero ¿se trata de una batalla o de una coreografía, de una discusión o de un diálogo? En ocasiones, los instrumentos de la orquesta discrepan con las notas del piano, que suenan díscolas y rápidas. Así, piano y orquesta batallan por su preponderancia, por su permanencia en el tiempo, movidos por una incapacidad insalvable: la de pretender conocer (y, con ello, domesticar) aquello que les es ajeno.

El Concierto para piano número 1 representa la diferencia, aquello que caracteriza a dos naturalezas opuestas, representadas por el piano y los instrumentos de la orquesta. Ambos caracteres, esencialmente diferentes, se violentan mutuamente y, en ocasiones, se aprehenden en una comprensión que no es propia de la razón, sino de la pasión.

El primer movimiento es una obra (tomándola, injusta y caprichosamente, como una totalidad) trágica. De algún modo, el oyente es consciente de que esa pugna librada entre ambas fuerzas no desembocará en la comprensión, sino en una diferencia irresoluble que se sabe irreconciliable.

En la medida en que trata de la diferencia, de la oposición representada por dos fuerzas contrarias que se atraen y se repelen por aquello que las une y las aleja, plantea solo dos posibilidades: la comprensión o la discusión, la convivencia o el aislamiento. Lo trágico de la obra reside en que ambas vías llevan a la catástrofe: aquella —la comprensión—, a la disolución de las notas del piano y la orquesta en un ruido de fondo que, paradójicamente, resultaría incomprensible; esta —la discusión—, a una interrupción definitiva del sonido.

El primer movimiento es trágico, pero ambiguo. Uno no sabe qué instrumentos permanecen, pero de lo que está seguro es de que el primer movimiento ha ejercido una influencia aniquiladora en los siguientes, donde ya no suenan los mismos sonidos, las mismas notas. La historia, a partir del segundo movimiento, es una totalmente distinta. Es un relato que habla de lo residual, de las ruinas de un pasado irrecuperable. Así, el segundo y el tercer movimiento ejercen como epílogos de una obra que no ha podido continuar debido a que su propia fuerza la ha destruido. Por ello, suenan debilitados, consumidos, en comparación con el primero.

Y es que, después de lo trágico, solo cabe el silencio… o el absurdo.